Lo decidí esta tarde: de ahora en más, seré militante de tiempo completo del PRO, agrupación política que nuclea a la derecha argentina. A falta de aportes económicos que pueda realizar, pegaré afiches por las noches con los rostros y los nombres de sus candidatos durante las campañas, fiscalizaré mesas en las elecciones y estaré siempre listo para lo que se me convoque. Varias horas de mi día se irán en alguno de sus locales y pienso hacer dos cosas, tomando el ejemplo de los referentes del PRO: me dejaré el bigote y me haré un tatuaje en el cuello. Descarté postrarme en una silla de ruedas porque en ese caso el referente es mujer y yo soy hombre.
¿Qué me llevó a esta decisión? Una situación que me resultó casi orgásmica, algo que supe que había sucedido y que me encanta que suceda. Conciente de que es con el gobierno del PRO con el que más posibilidades hay de que se repita y multiplique, haré lo que esté a mi alcance, además de depositar mi voto, para que esto se concrete.
Mi amiga Paula tiene un hijo de tres años, Rafael, que se encuentra en la primer salita del jardín. Hoy, festejando la llegada de la primavera, el establecimiento al que asiste organizaba una bicicleteada para sus alumnos en una plaza cercana. Cientos de niños pedaleando en sus bicicletitas, algunas con rueditas a los costados para equilibrarlas, toda la ternura. Pero fuera de eso, Paula me contó que dos nenitos, de los que sabe que pertenecen a familias muy pobres, le preguntaron a la maestra, con carita triste, si ellos, que no tenían bicicleta, también podrían asistir.
Honestamente, me encanta que pasen estas cosas. Yo no soy más que un donnadie de clase media que sueña con ser rico y para ello, o mejor dicho para sobrevivir, corre la liebre, que siempre va adelante y muy lejos. Por lo pronto, antes de que el dinero llegue al bolsillo, ya aprendí algunas lecciones, como que sólo seré rico si me cago en la solidaridad para con los demás y que pobres hubo siempre porque el mundo así funciona y no de otra manera.
Pero además aprendí, o más bien entendí, que aún sin plata puedo sentirme rico si logro tener algo que otro no tenga ni pueda tener, si me sé envidiado, si soy conciente de que hay otro que sufre porque no le alcanza lo que gana para comprar algo para lo que a mí sí me alcanza. El día de mañana me imagino a mis hijos, si los tengo, entretenidos con algún juguete y a otros niños, desde la inocencia de los tres años, hacer pucheros y preguntar si ellos también están en condiciones de divertirse. Si ellos, aún siendo pobres, tienen derecho a reír y disfrutar.
Por eso, porque soy un boludito de clase media que se siente menos boludito si ve que otros tienen menos cosas que uno, he decidido esta tarde hacerme un joven PRO. Y que la gente como uno me reciba en su seno.